Te sueño y te respiro. La tormenta ha cesado, pero mi ineludible deseo no deja de palpitar. Te quiero, como el viento a las hojas de los árboles, deseo bailar contigo al ritmo de ese sibilante compás. Eres la eternidad que encarna en cada suspiro, la magia con la que puedo volar; estamos hechas de partículas que convergen en un estímulo de sudor, agitación.
El vaivén de aquellas luces forman con tu silueta, una amalgama de colores tan vibrantes que puedo sentirlos con mi olfato. El destello rojo del papel tapiz de este cuarto, combina fervientemente con los lunares de tu espalda. He añorado cada centímetro de tu cuerpo, el recorrer cada camino de tu piel con los labios humedecidos de amor.
Eres un cúmulo de amor que tengo para explorar, vivir, desear.