Melancolía de cuatro paredes que vuelven a ser blancas.
Me llevas en un viaje que no puedo soportar, con una imperecedera condena que he llegado a adorar. ¿Te hago bien? Las lágrimas siempre en ese constante caer, como al pozo en donde estamos. Siempre esperando a que te arrepientas y me digas que todo estará bien, ilusiones vanas que se deshacen como tus propias utopías. Vamos perdiendo las dos. Quisiera ser tan fuerte para no retrasar esta despedida, pero es que te amo tanto que no debería doler. Ahora no sé quién soy, solo me dejé llevar y veme aquí, penando, ni en el cielo ni el infierno, el eterno limbo. Se me ha atascado el corazón, ya los labios no quieren pronunciar palabra, se han enmudecido. Cómo se perdió el furor de la felicidad, esa que nos arrollaba y nos llevó a pensar que existía algo diferente para las dos y no fue así, llegó el dolor, llegaron las lágrimas que no cesan, que no tienen piedad. Nos hemos enfrascado en cúmulos de soberbia, dañando a nuestro propio ser, mintiéndonos con lo que sucede y los hechos hablan más que las propias palabras. ¿Lo estás salvando? ¿Lo estoy salvando?, ya nadie hace nada, ya la compañía no produce las mismas sensaciones y lo extraño, eso que éramos y tal vez sea mi error, pero no se olvida lo hermoso de la vida. Largarse de esta realidad, donde todo es un caos rondando nuestros corazones que ya quieren ser de piedra, nuestras almas pidiendo a súplicas una tregua para no perder el sentido de la vida. Quisiera ser así de fuerte, pero siempre el corazón se puede partir un poco más, nada es suficiente, ya las buenas intenciones no cuentan, ni los hechos que se han tornado escasos. Un sinfín de palabras con puntería a herir, un nulo entendimiento del otro, un sin sabor profundo que solo se resume a caer y caer, y seguir cayendo. Adoro tu compañía y ¿que nos ha pasado? Quién podría explicarme que nos ha sucedido, el porqué de la infinita despedida, de un perpetuo adiós, cuando lo perpetuo debe ser el amor, el real, que yo creía que existía y que mi alma no quiere desahuciar, porque se niega a la idea de que eso tan sublime sea tan inalcanzable.
Y aunque sé que estás palabras llegarán antes que unas tuyas, no esperan respuesta alguna.