Debo dejar de creerme que tengo conexiones imperdibles que no se permean a través del tiempo y de las experiencias. La gente sigue viviendo con sus emociones y los sentimientos varian. Que algunas conexiones sigan orbitando en mí, no significa que haya un hilo conductor que me una o identifique con la realidad del otro ser. ¿Es ocupado el mismo espacio en mi mente por alguien, del espacio que yo ocupo en la mente de ese alguien? Lo mío es una posible negación a la real experiencia que se produce por miedo. Tengo que soltar, no los recuerdos, sino el miedo de no poder crear la misma intensidad que esos recuerdos alcanzaba.

Dejar de vivir en el pasado es la única forma de permitirme crear nuevas satisfacciones.

Tres menos uno

Ya no sé cómo desahogar este sentimiento. Una sensación entre el dolor y el ahogamiento. Pasa el tiempo y no puedo asimilarlos, con cada fotografía mejora lo felices que salen. No debería, no debería. No debería sentir de esta forma por la felicidad ajena. Sueno a egoísmo en estado puro, pero juro que he combatido contra esta maldita emoción. Tengo ganas de llorar. Pero quiero llorar porque tengo el afán de volver a ser yo sin ellos. Quiero olvidar esta desdicha. Necesito olvidar esta suma que restó, este encuentro tan casual y tan arrepentido.

En la habitación

Melancolía de cuatro paredes que vuelven a ser blancas.

Me llevas en un viaje que no puedo soportar, con una imperecedera condena que he llegado a adorar. ¿Te hago bien? Las lágrimas siempre en ese constante caer, como al pozo en donde estamos. Siempre esperando a que te arrepientas y me digas que todo estará bien, ilusiones vanas que se deshacen como tus propias utopías.  Vamos perdiendo las dos. Quisiera ser tan fuerte para no retrasar esta despedida, pero es que te amo tanto que no debería doler. Ahora no sé quién soy, solo me dejé llevar y veme aquí, penando, ni en el cielo ni el infierno, el eterno limbo. Se me ha atascado el corazón, ya los labios no quieren pronunciar palabra, se han enmudecido. Cómo se perdió el furor de la felicidad, esa que nos arrollaba y nos llevó a pensar que existía algo diferente para las dos y no fue así, llegó el dolor, llegaron las lágrimas que no cesan, que no tienen piedad. Nos hemos enfrascado en cúmulos de soberbia, dañando a nuestro propio ser, mintiéndonos con lo que sucede y los hechos hablan más que las propias palabras. ¿Lo estás salvando? ¿Lo estoy salvando?, ya nadie hace nada, ya la compañía no produce las mismas sensaciones y lo extraño, eso que éramos y tal vez sea mi error, pero no se olvida lo hermoso de la vida. Largarse de esta realidad, donde todo es un caos rondando nuestros corazones que ya quieren ser de piedra, nuestras almas pidiendo a súplicas una tregua para no perder el sentido de la vida. Quisiera ser así de fuerte, pero siempre el corazón se puede partir un poco más, nada es suficiente, ya las buenas intenciones no cuentan, ni los hechos que se han tornado escasos. Un sinfín de palabras con puntería a herir, un nulo entendimiento del otro, un sin sabor profundo que solo se resume a caer y caer, y seguir cayendo. Adoro tu compañía y ¿que nos ha pasado? Quién podría explicarme que nos ha sucedido, el porqué de la infinita despedida, de un perpetuo adiós, cuando lo perpetuo debe ser el amor, el real, que yo creía que existía y que mi alma no quiere desahuciar, porque se niega a la idea de que eso tan sublime sea tan inalcanzable.

Y aunque sé que estás palabras llegarán antes que unas tuyas, no esperan respuesta alguna.

Muchas veces quisiera vivir fuera de mí para poder contemplarme. Me abrazaría por la espalda, me susurraría al oído. Me llevaría a una montaña donde el viento sople fuerte. Quisiera poder desprenderme para mirar más allá de lo que arrincona mi mente y así, lograr descansar una sola noche en paz.

Mi mente se va entrelazando con tu imagen, creando utópicos recuerdos de historias llenas de magia y abrigo. Tu expresión se refleja en mi alma, creando amalgamas de colores y evocando esos olores que pretenden encender mi pasión. Tu piel, tersa y blanca, manchada por esas constelaciones que se prestan para dibujar diferentes cielos, en diferentes noches, esa piel que me rosa y me ama en cada contacto tenue de ternura. Esa mirada, tan tuya como mía, me apresura a desnudarme y entregar mis marcas para ser sanadas.

Recuerdos para volver a respirar.