Voy jugando a perder. El temor se despierta con la incertidumbre que dejaron los recuerdos. Aquellos momentos marcaron un futuro con desaciertos, provocados por esas heridas que aún no han cerrado. Arde, no escucho lo que a mi alrededor pasa. Aparecen nuevamente esas ganas de huir, necesito sumergirme en agua para darle armonía a mi alma. Fluir.
Noche
Me invade el miedo, comprendo mi comportamiento errado. Puedo hacerte daño, siempre lastimo a lo que amo.
Casualidad
Aprendí a sentir tu magia,
a admirarte sin conocerte.
Adoré lo que me asombró de tu ser,
sabiendo que en cualquier momento te imaginaría
e iba a sentir lo más profundo de una musa.
Te vi dormir,
con lo pálido de tu blancura,
las constelaciones de tus pecas,
con el verde de tu dulzura,
con la calidez de tu sonrisa
y con la utopía de un sueño inimaginable.
Aprendí a conservarte en ideas,
tan fugaces como un cigarrillo,
como lo que duró esa noche,
como un bello recuerdo que arruina las esperanzas.
Un bello imaginario que se torna en un jamás.
Usted
¿Qué resulta de la conexión? Se crean emociones que levitan alrededor de tu mente y se apoderan de tu ser. Esta historia inicia con las ganas de huir del amor, de poner bajo presión los impulsos emocionales y lograr dominarlos, nace de la condición que se antepuso a un gusto para darle una oportunidad de ser. Pero es este momento donde me cuestiono la fortaleza para dividir la utopía del amor con el estremecer del cuerpo, porque inevitablemente brota esa mezcla que ya no se puede distanciar. Todo inicia con el anhelo de conocer, con querer perder la moral y experimentar lo desconocido: un cuerpo, una mente. Todo continúa con la conexión, cuando logras ver el universo en los ojos de ese ser, cuando espías un alma y te quedas impregnado de ella. Todo tambalea cuando tu razón te pide a rugidos viajar con cuidado, poner altos en el camino y que dejes de regar esa semilla, aquella que cuando empieza crecer, te hace tocar el cielo. Todo sigue, pero te acompaña el temor porque tu mundo ya no gira en el sentido que venía, existe ese algo que comanda ese timón, dejando como su vasalla a la razón. En ese punto, vamos aceptando que cuando dos energías convergen, no existe posibilidad en retroceder y que el temblor del cuerpo puede presentir que algo bueno está por venir.
Un punto en el universo me tiene tambaleando. Usted.
Frío
Hace frío. Es una noche de enero.
Una canción que me consume,
una lágrima que no se detiene.
Un amor fallido me golpea,
una mujer que me dijo «adiós».
Esta noche aún eres maravillosa,
aún añoro tu tibieza.
Tú, mi olor preferido,
mi llama consumida.
Amantes
¿Te gustan los suspiros?, preguntó con sus mejillas sonrojadas. Ella asiente con su cabeza y la mira fijamente, “eres quien me ha llenado el alma”. Recostadas sobre su cama, escucha como late su corazón, toca su abdomen y escucha como se acelera un poco más, descubren que aquellos nervios no se han perdido, que el temor del primer día sigue intacto. “¿Aún me amas?”. “Amo el calor de tu cuerpo, el susurro de tus palabras, la inmensidad de tu mente, amo, te amo”. Suspiran. Creen en ese infinito que se juraron alguna vez, lo hacen posible al regresar en el tiempo cada vez que se encuentran a escondidas. Están huyendo de las culpas que separaron sus destinos. Estas cuatro paredes son testigos fieles de cómo dos mujeres se entregan, desahogan sus deseos entrelazados con un pasado que no pueden olvidar. ¿Te gustan los suspiros? Es hora de marchar. Suspiran.
Color rosa
Me inspiré en una mujer, una de mil colores.
Colores, no de esos que se desgastan con el tiempo, sino de esos colores que brillan siempre con la imaginación.
Rayada. La loca de los pelos rosados.
Un suspiro para comenzar.
Blanca como aquella nieve que solo he visto en fotografías.
Blanca como imagino el color del frío.
Blanca como blanco me puede hacer suspirar.
Una boca para acampar, amanecer ahí debe ser un placer.
Un cabello que juega con el viento. Rosado.
Un café tranquilo, de esos claritos que no me gustan en el café.
Sí, en sus ojos.
Inefable su naturaleza, efímera se presencia, tal vez violeta su esencia.
Guerrera, rojo, calma, azul, alegre, amarillo.
Su aroma a tranquilidad como el verde manzana.
Color de bosque.
Me inspiré en una mujer, una de mil colores. Una de voz tierna, de palabras dulces.
Mujer de agua, rasgos de gato, historias en su piel. Colores.
Maga
Se vale estar triste, se vale tener humedecido el rostro y la cabeza agachada. Se vale, se vale salir a correr en medio de la lluvia, se vale fumar ese cigarrillo que dejé, se vale darse una ducha con la ropa puesta. Se vale escribir poemas sin rimas, se vale gritar esa canción que me hace llorar, se vale apagar las luces y sumergirme en las olas de la cama. Se vale esperar, se vale tomar vino y estar sola, se valen las rolas que no me gustan, se vale tocar la armónica, se vale retomar por enésima vez el mismo libro, se vale volver a llorar, se vale dormir desnuda, se vale contemplar la luna desde la ventana, se vale, todo se vale. Mientras la vida transcurre, se vale sentir todas esas emociones que quiero descubrir, y aunque el camino duela, nunca será en vano el haber arriesgado. Las ganas abandonan mi cuerpo y mi mente se siente agotada, pero sigo aquí, tratando de sonreír, escondiendo al mundo el vacío de mi pecho. Sigo aquí, tratando de susurrar esa canción que tanto me gusta.
Estás aquí, estamos aquí, quienes no deberíamos existir, pero estamos. Aferrada a esta vida, intentando creer, con ganas diminutas de abrir los ojos y encontrar eso especial que me haga vibrar, moviendo fibras por aquellas sensaciones que consideré perdidas. La desolación, la desesperanza, son estados que la vida me muestra para que tiemble mi alma. Voy viviendo en un nido donde no encuentro el calor necesario para sobrevivir. Un vaivén de espacios en diferentes tiempos, creando historias en mi cabeza, mi mente no descansa, en ella están esos mundos donde quisiera habitar, donde en las noches puedo ser feliz, donde el amor reina de una forma sublime que hace que todo parezca la misma perfección. Encarnada en pequeños detalles como volar, como sentarme en el desierto y con mi pie, tocar el océano.
El frío de la mañana
Los silencios enmarcados en este tiempo, en este lugar.
Alegría
Te sueño y te respiro. La tormenta ha cesado, pero mi ineludible deseo no deja de palpitar. Te quiero, como el viento a las hojas de los árboles, deseo bailar contigo al ritmo de ese sibilante compás. Eres la eternidad que encarna en cada suspiro, la magia con la que puedo volar; estamos hechas de partículas que convergen en un estímulo de sudor, agitación.
El vaivén de aquellas luces forman con tu silueta, una amalgama de colores tan vibrantes que puedo sentirlos con mi olfato. El destello rojo del papel tapiz de este cuarto, combina fervientemente con los lunares de tu espalda. He añorado cada centímetro de tu cuerpo, el recorrer cada camino de tu piel con los labios humedecidos de amor.
Eres un cúmulo de amor que tengo para explorar, vivir, desear.