Aquellas luces encendidas y parpadeantes, no dejan que olvide las estrellas que conmigo mirabas y con amor contemplabas.
Hablando sobre responsabilidad emocional.
En este tiempo viviendo en Quito, profundicé en este concepto al lado de mis compañeras. Aprendí a ser congruente entre lo que digo, pienso y hago, manejándome de forma inteligente para cuidarme y no hacer daño a la otredad.
Me fallé.
En este intento de vivir con lo aprendido, descuidé mi ser y fui irresponsable conmigo misma.
Inserte aquí ansiedad.
Anoche no pude dormir. Las voces en mi cabeza no se callaban. Las imágenes no paraban. El ahogamiento me agitaba. El ardor de mi pecho no cesaba… Muchos cigarrillos.
Sensación de que todo va mal.
Abrí mi ser, permitiendo que fuese utilizado, engañado, manipulado. Tarde me doy cuenta de ello, pero tocaron los puntos exactos en mí para activarme. Alguien que consideré tenía las capacidades y responsabilidades emocionales aprendidas, al menos, entendidas, jugó con un pedazo de mi que ahora se estancó.
Abrí los ojos.
Si no cambias tus patrones, no cambias el rumbo de tu vida.
Ansiedad.
Hace años su presencia me acompaña y marca mi ritmo de vivir. Me pregunto constantemente: ¿Qué sucederá cuando desaparezca? ¿Cuál será el nuevo ritmo de mis acciones? ¿Se irá algún día?
Sin cigarrillos.
Un día me senté a contemplar mi soledad, y con ello, todo lo que había aprendido en el camino. He perdido todo, pensé. Entre un hijo, un padre y un amor que después consideré verdadero. Me vería mejor si tuviese algo en qué creer.
A simple vista, mi atuendo son ropas de fortaleza, serenidad y mucha calma. Aquello que se encuentra al pasar la puerta, está en una mezcla de agua de rosas con lodo.
Todo este tiempo he estado cargando mi pesado corazón, bebiendo hasta olvidarlo todo. Gran mentira hacia mi misma, nunca olvido. Recuerdo mis constantes peleas conmigo misma, el miedo de enfrentar cada paso en el que debería confiar en mi. Debería pedirme perdón, recuperar mi batalla, pero siento no tener nada por todo lo que he sufrido. Hay quienes han sufrido más por lo que he hecho.
El camino a cabalgar es largo, aún no he forjado el carácter que habrá de acompañarme. Extraño lo que algún día fui, aquello que algún día viví.
No quiero quedarme aquí con mis miedos.
…
Una jugada de mucha rudeza.
Una mujer que tuve que descubrir, esa soy yo. Una viajera que estaba encerrada entre paredes blancas, experimentando los placeres de la vida de la forma más irresponsable que podía conocer. Una mujer que decidió emprender un viaje hacia otro país, huyendo de miedos, de ansiedades, de recuerdos.
Salir fue difícil, las lágrimas quemaban mis mejillas y mojaban mi boca. Entre más kilómetros avanzaba, mayor era la sensación de que todo cambiaría. Me fui, me fui, me fui.
Al emprender este proceso – porque así lo veo – comencé a encontrarme con una versión mía que desconocía. No sabía todo lo que llevaba por dentro. Supe en cierto instante que me dediqué a llevar el peso de mis errores, de mis desaciertos, de lo que perdí, e ignoré todo el brillo que de mi propende al mundo.
En esta noche, sigo contemplando la valentía que me acompaña, animando la lucha diaria por estar tranquila, por dejar fluir y sobre todo, por dejar de lado todos los apegos.
Quiero huir, pero no sé a donde debo ir.
Las circunstancias nos separan, pero el universo te da luz.
Eres feliz al reencontrarte con tu pasado. Historias reconstruidas en un mundo de casualidades. Lágrimas de felicidad y de nostalgia, entre lo que fue y lo que puedes recordar. Estas pocas cervezas me enseñaron a conocerte más, en el mundo que no viví, pero que añoro junto a ti. Luces, muchas luces y esta música que me alude a lo que sientes. Hemos sobrepasado los límites del tiempo. Hoy eres una niña de 11 años a la cual admiro y deseo acompañar.
Una taza de café…
Estoy contemplando cómo te alejas